Micolta / Esmeraldas / Poema Si, ella vive en el mar, Tiene su sol y su luna, Tiene la piel aceituna junto a un río Y a un palmar. Si ella vive en el mar, Si ella tiene su encanto, Por eso la quiero tanto porque es mi suelo natal, Como ella no hay otra igual, Es por eso que le canto. Hay quien la ve se enamora porque es primavera pura, Como un verdor que perdura, Es tierna y ensoñadora. Hay quien la ve se enamora por una sola razón, Porque Esmeraldas tiene el corazón radiante como una estrella, Toda la luz que hay en ella, La entrega sin condición. Si ella vive en el mar, Con el cielo gaviotado, Suena un tambor a su lado, Y también sabe cantar. Si ella vive en el mar, Y allí nació Zamorano, Negro cantor buen hermano tocador de rumba ardiente, Que suena en barrio caliente, Y retumba en el oceano. Al recordar que es tan buena, Esmeraldas mi alma se vuelve río, Y mi sangre cual navío viaja la tierra morena. Al recordar que es tan buena, Y verde su geografía se colma de algarabía mi corazón caminante, Y sobre el viento silbante, Va hacia el norte mi poesía. Yo, no sé que es lo que siento, A flor del pecho sonoro, Cual tolita pampa de oro baila un Chihualo en mi aliento. Y el mar, el mar, el mar con su movimiento me arrulla en su son profundo, Y con el mar yo me confundo coronado de guirnaldas, Que brillan cual esmeraldas edénica gema del mundo. Si, ella vive en el mar, Como una ola encendida que se mece, suspendida sobre una luz estelar, Si ella vive en el mar, Con sus peces de colores, su marimba, sus cantores y su fiebre ecuatorial, Como Esmeraldas no hay otra igual, Que retumben los tambores.